¿Qué es la
música? La respuesta muchas veces depende de quienes somos, y para un arte tan
sublime como este tratar de interpretarlo puede resultar una tarea ardua, sin
embargo películas como Les choristes (Los chicos del coro)
tienen una forma particular de expresar en imágenes un conjunto de
sentimientos.
Christophe Barratier captó la
importancia de la música en un mundo sin esperanza, sin alegría; la historia se
desarrolla en el año 1949 dentro de un internado donde la mayoría de niños
tiene problemas de conducta, el tema central de este largometraje francés es la
música y los niños, el situar la historia justo después de la segunda guerra
mundial fue un acierto del director pues es justamente por estas épocas que se
comienzan a crear las correccionales o reformatorios.
Clément Mathieu,
interpretado por Gérard Jugnot,
es el personaje principal, es un músico fracasado que se convierte en el
profesor nuevo que con su peculiar simpatía logra ganarse la confianza de un
grupo de niños que se siente rechazado y es tratado como individuos que deben corregirse,
pero como en toda película siempre hay un antagonista en este caso el “malo”,
por llamarlo así, es Rachin, interpretado por Francois
Berléand, personaje estricto cuyos castigos son tan crueles que lo
hacen merecedor del miedo de todos los niños, sin embargo no durante toda la
película porque Rachin es uno de esos villanos malos por el que incluso se
puede sentir algo de cariño, hay escenas donde demuestra que si tiene
sentimientos pero las circunstancias lo convirtieron en el hombre que es, “acción reacción” es quizás la frase que mas repite y quizás la escencia de
esta historia pues al finalizar, aunque de una forma contraria a todo el
pensamiento de Rachin, las acciones del profesor Mathieu generan reacciones no
tan esperadas.
La música
como esperanza, como escapatoria, es el argumento de esta obra, siendo el
principal entre todos los niños Pierre Morhange,
interpretado por Jean-Baptiste
Maunier y por Jacques
Perrin de adulto, poseedor una voz
delgada que en un principio es motivo de burla, su voz prodigiosa llamó la atención
de Mathieu convirtiéndolo en el solista del coro. Otro personaje destacado es
el pequeño Pépinot, interpretado por Maxence Perrin de
niño y por Didier Flamand de adulto, aunque no canta su
ternura hace que la persona que vea esta película sienta un cariño singular por
este niño que espera con ansias la llegada de cada sábado y cuyo significado de
este acto de espera cobra una importancia enorme al final de la película.
Este largometraje habla de música pero no solo
de eso pues si llevamos la trama al mundo, el internado no es más que la
sociedad misma, marginadora y llena de problemas, Rachin es un dictador es
cierto pero es también aquello que nos frena, que nos impide seguir y Mathieu
es el portador de la esperanza, es decir el que lleva la música, de esta forma esta
película tiene un mensaje hermoso y un estilo peculiar de alcanzárnoslo, pues
los diálogos son muy dinámicos, en ningún momento resultan tediosos y en la trama se refleja muy bien la evolución
de unas voces tímidas y avergonzadas hasta llegar a unas voces bellas y
coloridas.
Sin duda considero esta película imperdible, el
final tiene un toque mágico envolviendo al espectador en sentimientos de
nostalgia y alegría e incluso recordándole que vale la pena hacer lo que nos
gusta, un gran mensaje y una gran película que la hizo merecedora al Oscar en
el año 2005, no puede no verla.
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