domingo, 9 de diciembre de 2012

Acción Reacción


¿Qué es la música? La respuesta muchas veces depende de quienes somos, y para un arte tan sublime como este tratar de interpretarlo puede resultar una tarea ardua, sin embargo películas como Les choristes (Los chicos del coro) tienen una forma particular de expresar en imágenes un conjunto de sentimientos.

Christophe Barratier captó la importancia de la música en un mundo sin esperanza, sin alegría; la historia se desarrolla en el año 1949 dentro de un internado donde la mayoría de niños tiene problemas de conducta, el tema central de este largometraje francés es la música y los niños, el situar la historia justo después de la segunda guerra mundial fue un acierto del director pues es justamente por estas épocas que se comienzan a crear las correccionales o reformatorios.

Clément Mathieu, interpretado por  Gérard Jugnot, es el personaje principal, es un músico fracasado que se convierte en el profesor nuevo que con su peculiar simpatía logra ganarse la confianza de un grupo de niños que se siente rechazado y es tratado como individuos que deben corregirse, pero como en toda película siempre hay un antagonista en este caso el “malo”, por llamarlo así, es Rachin, interpretado por Francois Berléand, personaje estricto cuyos castigos son tan crueles que lo hacen merecedor del miedo de todos los niños, sin embargo no durante toda la película porque Rachin es uno de esos villanos malos por el que incluso se puede sentir algo de cariño, hay escenas donde demuestra que si tiene sentimientos pero las circunstancias lo convirtieron en el hombre que es, “acción reacción” es quizás la frase que mas repite y quizás la escencia de esta historia pues al finalizar, aunque de una forma contraria a todo el pensamiento de Rachin, las acciones del profesor Mathieu generan reacciones no tan esperadas.

La música como esperanza, como escapatoria, es el argumento de esta obra, siendo el principal entre todos los niños Pierre Morhange, interpretado por Jean-Baptiste Maunier y por Jacques Perrin de adulto, poseedor una voz delgada que en un principio es motivo de burla, su voz prodigiosa llamó la atención de Mathieu convirtiéndolo en el solista del coro. Otro personaje destacado es el pequeño Pépinot, interpretado por Maxence Perrin de niño y por Didier Flamand de adulto, aunque no canta su ternura hace que la persona que vea esta película sienta un cariño singular por este niño que espera con ansias la llegada de cada sábado y cuyo significado de este acto de espera cobra una importancia enorme al final de la película.

Este largometraje habla de música pero no solo de eso pues si llevamos la trama al mundo, el internado no es más que la sociedad misma, marginadora y llena de problemas, Rachin es un dictador es cierto pero es también aquello que nos frena, que nos impide seguir y Mathieu es el portador de la esperanza, es decir el que lleva la música, de esta forma esta película tiene un mensaje hermoso y un estilo peculiar de alcanzárnoslo, pues los diálogos son muy dinámicos, en ningún momento resultan tediosos y  en la trama se refleja muy bien la evolución de unas voces tímidas y avergonzadas hasta llegar a unas voces bellas y coloridas.

Sin duda considero esta película imperdible, el final tiene un toque mágico envolviendo al espectador en sentimientos de nostalgia y alegría e incluso recordándole que vale la pena hacer lo que nos gusta, un gran mensaje y una gran película que la hizo merecedora al Oscar en el año 2005, no puede no verla.

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