miércoles, 12 de diciembre de 2012

¿Frankenweenie versión extendida?


Frankenweenie llegó a las salas de cine el pasado mes de noviembre, una semana despues de Halloween, dicho estreno no representó el gran suceso que hubiese sido en un tiempo no muy lejano, quizás antes de Alicia en el país de las maravillas, es sumamente extraño que una película de Tim Burton pase desapercibida.

Esta película está basada en el cortometraje del cineasta, estrenado en el año 1984, sin embargo este largometraje, realizado en stop-motion, no es más que la sombra de la genialidad que posee. Frankenweenie, en su versión del año 2012, es un tributo a las películas de terror antiguas, por ello encontraremos un homenaje a Drácula, Godzilla, etc. y por supuesto Frankenstein representado en Sparkie que es un perro revivido con ayuda de la electricidad.

Siguiendo el mismo argumento de su primera versión, Sparkie es un perro que muere atropellado por un camión, Víctor que es el dueño se niega a vivir sin él, por ello una noche motivado por los experimentos de su maestro de ciencia,  decide desenterrarlo para revivirlo, teniendo éxito en su hazaña.

Frankenweenie de 1984 es una de las obras que mas demuestra la extravagancia de Burton, identificando parte de su personalidad en Víctor, quien anhela ser director de cine, sin duda es una versión infantil de él mismo, este cortometraje nos demuestra la fantástica imaginación de un Burton más joven y con ganas de realizar películas artísticas más que comerciales otorgándole a una historia macabra como esta rasgos de ternura, de esta forma nos olvidamos por completo de que el relato gira alrededor de un perro zombie.

Sin embargo Frankenweenie de este año no es más que una versión extensa y sobrecargada de escenas y personajes raros que no hacen más que recordarnos muchas películas, sin convertirse en los homenajes que debieron ser, perdiéndose así por completo la esencia real del largometraje la cual era ese perfecto contraste peculiar de Burton, entre fantasía, realidad y amor todo dentro de una historia macabra. Esperemos que el genio recupere su toque.


domingo, 9 de diciembre de 2012

Acción Reacción


¿Qué es la música? La respuesta muchas veces depende de quienes somos, y para un arte tan sublime como este tratar de interpretarlo puede resultar una tarea ardua, sin embargo películas como Les choristes (Los chicos del coro) tienen una forma particular de expresar en imágenes un conjunto de sentimientos.

Christophe Barratier captó la importancia de la música en un mundo sin esperanza, sin alegría; la historia se desarrolla en el año 1949 dentro de un internado donde la mayoría de niños tiene problemas de conducta, el tema central de este largometraje francés es la música y los niños, el situar la historia justo después de la segunda guerra mundial fue un acierto del director pues es justamente por estas épocas que se comienzan a crear las correccionales o reformatorios.

Clément Mathieu, interpretado por  Gérard Jugnot, es el personaje principal, es un músico fracasado que se convierte en el profesor nuevo que con su peculiar simpatía logra ganarse la confianza de un grupo de niños que se siente rechazado y es tratado como individuos que deben corregirse, pero como en toda película siempre hay un antagonista en este caso el “malo”, por llamarlo así, es Rachin, interpretado por Francois Berléand, personaje estricto cuyos castigos son tan crueles que lo hacen merecedor del miedo de todos los niños, sin embargo no durante toda la película porque Rachin es uno de esos villanos malos por el que incluso se puede sentir algo de cariño, hay escenas donde demuestra que si tiene sentimientos pero las circunstancias lo convirtieron en el hombre que es, “acción reacción” es quizás la frase que mas repite y quizás la escencia de esta historia pues al finalizar, aunque de una forma contraria a todo el pensamiento de Rachin, las acciones del profesor Mathieu generan reacciones no tan esperadas.

La música como esperanza, como escapatoria, es el argumento de esta obra, siendo el principal entre todos los niños Pierre Morhange, interpretado por Jean-Baptiste Maunier y por Jacques Perrin de adulto, poseedor una voz delgada que en un principio es motivo de burla, su voz prodigiosa llamó la atención de Mathieu convirtiéndolo en el solista del coro. Otro personaje destacado es el pequeño Pépinot, interpretado por Maxence Perrin de niño y por Didier Flamand de adulto, aunque no canta su ternura hace que la persona que vea esta película sienta un cariño singular por este niño que espera con ansias la llegada de cada sábado y cuyo significado de este acto de espera cobra una importancia enorme al final de la película.

Este largometraje habla de música pero no solo de eso pues si llevamos la trama al mundo, el internado no es más que la sociedad misma, marginadora y llena de problemas, Rachin es un dictador es cierto pero es también aquello que nos frena, que nos impide seguir y Mathieu es el portador de la esperanza, es decir el que lleva la música, de esta forma esta película tiene un mensaje hermoso y un estilo peculiar de alcanzárnoslo, pues los diálogos son muy dinámicos, en ningún momento resultan tediosos y  en la trama se refleja muy bien la evolución de unas voces tímidas y avergonzadas hasta llegar a unas voces bellas y coloridas.

Sin duda considero esta película imperdible, el final tiene un toque mágico envolviendo al espectador en sentimientos de nostalgia y alegría e incluso recordándole que vale la pena hacer lo que nos gusta, un gran mensaje y una gran película que la hizo merecedora al Oscar en el año 2005, no puede no verla.

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